País Poema - Autores

william wordsworth

lamento inesperado ante la muerte de james hogg

Cuando, mientras descendía desde los páramos,
vi por primera vez la corriente del río de aquileas
deslizarse a lo largo de un valle abierto y desnudo,
el muchacho de Ettrick fue mi guía.
Mientras vagaba por sus praderas
a través de arboledas que habían empezado a derramar
sus doradas hojas sobre los caminos,
el trovador guió mis pasos.
El poderoso trovador no volverá a respirar
bajo las enmohecidas ruinas;
y la muerte, sobre la colina de aquileas,
ha cerrado los ojos del muchacho poeta:
el año en curso no ha pensado dos veces,
presagio tras presagio, su curso vertiginoso,
puesto que el poder mortal de Coleridge
se congeló en su maravillosa fuente;
el extasiado, el de la frente divina,
la criatura de ojos celestiales duerme en la tierra:
y Lamb, el juguetón y benévolo,
también ha desaparecido de su solitario hogar.
Como nubes que barren las cimas de las montañas,
como olas que ninguna mano puede frenar,
¡qué rápido el hermano ha seguido al hermano
desde la luz a la tierra sin sol!
Pese a todo, yo, cuyos párpados se abrieron
antes del sueño infantil, sigo aquí para escuchar
una voz tímida, que pregunta en susurros
«¿Quién será el próximo en caer y desaparecerá?».
Nuestra arrogante vida está coronada de oscuridad,
como Londres, con su propia corona negra,
que contigo, ¡oh, Crabbe!, mirando hacia el futuro,
contemplé desde los brezales ventosos de Hampstead.
Así como parte el ayer,
tú también te has ido demasiado pronto, pero ¿por qué
sobre los frutos maduros, recogidos en su estación,
deberían suspirar los quebradizos supervivientes?
Antes deberían afligirse por ese espíritu bendito,
dulce como la primavera, profundo como el océano;
por ella, que antes de que su verano se extinguiera,
se había hundido en un sueño sin vida.
¡Ni uno más de esos viejos lamentos románticos
por la juventud sacrificada o las damas enfermas de amor!
Con una aflicción más penetrante está herida la aquilea,
y Ettrick se lamenta con ella por su poeta muerto.