he conocido extraños accesos de pasión
He conocido extraños accesos de pasión
y me atrevo a contar,
pero solo al oído del amante
lo que me sucedió una vez.
Cuando yo adoraba verla cada día
fresca como una rosa en junio,
y hacia su casa campestre desviaba mi camino,
bajo la luna del atardecer.
Fijé los ojos sobre la luna,
por el amplio prado
con paso rápido mi caballo se aproximaba
hacia esos senderos que me son tan queridos.
Y después alcanzamos el campo de huertos;
y, mientras subíamos por la colina,
la luna descendía sobre la camita de Lucy,
cerca, más cerca cada vez.
Era uno de esos dulces sueños que yo dormía,
¡la bondad de la naturaleza, alegre bendición!
y todo el tiempo mantuve los ojos
sobre la luna decreciente.
Mi caballo avanzaba; pezuña tras pezuña
ascendía, y no se detuvo: de pronto
bajo el tejado de la casa de campo,
la luna se ocultó.
¡Qué afectuosos y traviesos pensamientos se deslizan
dentro de la cabeza de un amante!
«¡Oh, misericordia!», me grité a mí mismo,
«¡si Lucy tuviera que morir!»