País Poema

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william wilfred campbell

los hombres lobo

Corren, todavía corren,
desde el atardecer hasta el alba;
y sus ojos cansados resplandecen
bajo los cielos blancos del norte.
Cada pantera en la oscuridad
es un alma embrujada por demonios,
los sombríos, fantasmagóricos hombres lobo
que merodean alrededor del Polo.
Sus lenguas son de llameante carmesí,
sus atormentados ojos azules brillan,
y se esfuerzan al máximo
sobre lagos y arroyos helados;
sus gritos son una nota de agonía,
que no es ladrido ni aullido,
estas panteras del páramo del norte
que lo recorren en la oscuridad.
Puedes oír la agitada respiración,
puedes ver sus formas fugaces
en la pálida medianoche polar,
cuando el norte amasa tormentas;
cuando llamean las heladas árticas
y retumban los truenos sobre el campo de hielo;
estos demoníacos hombres lobo
merodean alrededor del Polo.
Corren, todavía corren
a través de la noche boreal,
llenos de una aterradora locura,
un horror por la luz;
por siempre y para siempre,
como hojas ante el viento,
dejan muy atrás el pálido
resplandor del alba.
Su única paz es la oscuridad,
corren sin descanso
hasta el corazón de la medianoche,
para siempre desde el amanecer.
A través de lejanos y fantásticos témpanos,
el ojo de la noche puede marcar
a estos hombres lobo
por el espanto que los acosa en la oscuridad.
A lo largo de este odioso viaje
son las almas de los hombres
que en la lejana edad oscura
hicieron de Europa un pantano negro.
Huyeron de las cortes y los conventos,
y ataron su polvo mortal
con demoníacos, lobunos cinturones
de humano odio y lujuria.
Éstos, que podrían haber sido como dioses,
eligieron, cada uno, ser una bestia repugnante,
entre los inmundos cementerios del corazón,
cebándose en pensamientos putrefactos;
pero el gran Dios que los hizo
les dio a cada uno un alma humana,
y así, en una eterna medianoche,
merodean alrededor del Polo.
Una oración por la negrura,
un anhelo por la noche,
porque cada uno está condenado
por el horror de la luz;
y lejos en el corazón de la medianoche,
donde se lanza su vuelo sombrío,
sienten con dolor el amanecer
que se arrastra en torno al mundo.
Bajo la medianoche del norte,
sobre el hielo blanco y reluciente,
corren, todavía corren
con su horror al amanecer;
por los siglos de los siglos,
corren hacia la noche,
todavía corren hasta el día del juicio.