mis calzones bikini
Me dio vergüenza pagarlos
Nunca he tenido unos calzones de bikini
Los he sacado de su bolsa en el café de la tertulia
Los huelo
Me los imagino puestos
Pienso: estos calzones son mi futuro, son la prueba de que aún no he muerto.
Alguien me amará por usarlos y los acariciará en el bar, en la comida con los padres, me meterá la mano al pantalón y dirá: “estoy con alguien vivo”
Los calzones son caros. Imagino cuándo tenga más de cinco. Valdré más que mí pasado lleno de calzones fracturados.
Seré alguien que camina;
Alguien que no tema pasar debajo de las escaleras sobre la banqueta.
Alguien que no evita pasar por los panteones en los pueblos.
Los calzones son azul marino y con un resorte grueso hecho de miradas de un hombre actual: ágil, despreocupado y fumador en mesas despobladas y café de medio oriente o parisino.
Tengo unos calzones que comprueban que aún no quiero morir, y qué, además, comprueban que soy un hombre moderno.
He pensado en ocuparlos como moneda de cambio cuando llegue al Hades y Caronte me exija la moneda para pagar el viaje que te hace cruzar esos ríos de sangre que dicen, iluminan el hades.
He pensado que me entierren con ellos entre los dientes.
Diré: mira Caronte, estos son unos calzones muy caros, son refinados y a quién se los pone lo hace ver moderno, siempre moderno. Poseen la vida en la mirada de quien los vieron puestos, si me dejas subir a tu barca serán tuyos.
Así estaré más vivo que nunca.