helena
Levantas a los cuerpos, te inhalan, te ponen en el espejo, en la llave. Nos apartas de ese otro mundo en dónde existimos solo en imagen para llevarnos a otro dónde existimos solo en imagen. Al sueño le pelas los dientes, nos arrullas entre risas y vasos que desbordan la promesa de la noche, nos muestras al sueño sin sueño.
Eres tan delgada como los cuerpos que te consumen, te gusta la moda y la plática erudita, una Helena de barrio. Levantas la guerra y tu caballo de Troya es un shot de mezcal con nombre Kitch. Te miramos en las películas de Tarantino y nos enseñas a tomarle gusto a las secuencias en los filmes de Gansters. Montaste a los nuevos ídolos de la patria en corridos que alientan a mirarnos al espejo en el que te ponemos cada noche, te recostamos en las llaves de nuestras casas como recostamos al sueño pinchado de un tendedero con pinzas de plástico y jabón de pasta. Nos dices en cada aspirar cómo orear los sueños, nos dices la manera de tallarlos contra el lavadero hecho de cemento en nuestras azoteas. Los dejamos descansar, los dejamos orear mientras nos compramos ropita intima para gustarte más, me dices que las transparencias en los calzones siempre son más guarras, nos acompañas a la tienda de ropa interior y tú mueves la cabeza descartando o aprobando garritas que nos ayuden a recostarnos sobre el espejo.
Eres tan blanca cómo la Helena, provocas la voz afilada, el comentario exacto, permites la mañana.
Te levantan por los bares de la ciudad
y por las descarapeladas vecindades
tu cuerpo pesa como la más hermosa lapida
Cómo las nubes que nos guardan.