del buda novalis y mallarmé
Novalis y Mallarmé siempre van conmigo en la cajita que me dieron para guardar mis píldoras, me los cuelgo al cuello y luego simplemente los dejo que se entibien al empezar la noche; soy tan incrédulo que me es imposible escribir la palabra estrella sobre un papel; hablar de la soledad me da tanta risa como una noche de atascón de LSD.
A veces, imagino al buda para poder escurrirme del insomnio. Las tazas de café y de té las procuro antes de las 12 del día, pero sucede que la acumulación de LSD en mis vertebras y mis discos lumbares hacen que concilie el sueño justo a las 12 del día; tal vez por eso NO pienso en las estrellas ni en la soledad que producen éstas a la retina cuándo las miras. Mirarlas es una manera de recordar al recuerdo, son cómo fotografías tomadas y eso al buda no le gusta, el buda dice cosas muy extrañas: dice por ejemplo, “nada existe” y también dice que el recuerdo es el futuro. ¿Qué diría el Buda de Mallarmé y de Novalis? Veo al Buda dándoles de nalgadas y reprendiéndolos por aferrarse a la noche, a las estrellas. He llegado a mirar a los gatos mirar la noche, he mirado a los gatos mirar la vacuidad de las cosas; miran a la noche sin que sea la noche y a la luz del estambre como a la noche. Buda dice que debemos de mirar la vacuidad en la estrella, en la noche y en el estambre. Veo al Buda yendo y viniendo de la mirada de un gato. Mallarmé y Novalis debieron de escribir de lo que hay en la mirada de un gato, en vez de escribir de la noche.