Él emergió del poniente como si fuese un dios
La luz brillaba excesiva en el rubio oscuro de su cabello
Era el huésped del azar
Reunía mal las palabras
Fueron juntos a Olimpia lugar de atletas
Tierra a la cual pertenecían
Sus anchos hombros las caderas estrechas
Su fuerza esbelta espesa y cimbreante
Y su frente bajo de novillo
Cenaron al aire libre con un rumor de verano y de turistas
Una leve brisa pasaba entre diversos rostros
Ella lo vio después quedarse solo en plena calle
De pronto demasiado joven y como apartado y perdido
Sin embargo a la mañana siguiente
Entre las esparcidas ruinas de la palestra
Ella vio cómo su cuerpo armonizaba con las columnas
Dóricas
De todas formas en Patras polvorienta
En sofocante subir de la noche
Tomaron barcos diferentes
Desde muy lejos aún se veía
En el muelle la figura espesa cimbreante esbelta
Que entre luces con sombras se fundía
Bajo la despreciable indiferencia
No suya sino de los dioses