el aborto
Al mes encinta, grandes
coágulos de sangre aparecieron en el agua
verduzca del baño.
De un rojo oscuro como el negro sobre el piélago
traslúcido, como formas de vida
que emergen, medusas de formas definidas
como los hongos.
Fue esa la única comparecencia del
niño, formas negras y festoneadas
cayendo lentamente. Un mes después
concebimos a nuestro hijo, y nunca volví
a llorar al que apenas llegó al umbral con su mensaje: que podíamos
hacer los dos una chapuza. Envuelto todo en
púrpura partió como un mensajero
ajusticiado por traer malas noticias.