una vara de avellano para catherine ann
La viva madreperla de un salmón
nada más salir del agua
desaparece sin más, pero no pierde
tu vara nunca su plata asalmonada.
Seca y flexible la madera, logra
que la mano se convenza
de que lo que tienes lo tienes
para jugar y para presumir
y para andar repartiendo aquí y allá.
Pero además apunta hacia el ganado
y el salpicar y el golpear
las rejas de una verja…
la misma vara que podríamos cortar
de tu árbol genealógico.
El vívido cobalto de una libélula
vespertina me hizo fijarme en ella
y la noche en que la descortecé para ti
viste tu primera luciérnaga…
todos la rodeamos en silencio, incluso tú
tan grande como para oscurecerle el cielo
a una luciérnaga.
Y cuando hurgué entre la hierba
una pequeña guarida reluciente destelló
en el romo y pelado extremo de tu vara.