País Poema - Autores

seamus heaney

una cometa para aibhín

Aire desde otra vida, otro tiempo, otro lugar,
un aire celeste y celestial que sostiene
un ala blanca que bate contra la brisa en lo alto,
y sí, ¡es una cometa! Como cuando una tarde
todos nosotros salimos en tropel
entre setos de brezo y desnudos espinos,
vuelvo a tomar posición, me detengo frente
a la colina de Anahorish para escudriñar el azul,
otra vez en aquel campo para lanzar nuestra cometa.
Y ahora planea, se resiste, vira, cae torcida en picado,
se eleva por sí sola, se escapa con el viento hasta
que sube despertando nuestra ovación desde el suelo.
Sube, y mi mano es como un huso
desenredándose, la cometa una flor de fino tallo
ascendiendo y llevándose, llevándose más lejos, más alto
la añoranza en el pecho y en los pies plantados
y en la mirada fija y el corazón del que la vuela
hasta que la cuerda se rompe y —separada, eufórica-
la cometa despega, ya ella sola, como caída del cielo.