un trago de agua
Acudía cada mañana a buscar agua
como un vejestorio subiendo a tumbos por el campo:
la tos convulsa de la bomba, el estrépito del cubo
y el lento diminuendo al ir llenándose
la anunciaban. Recuerdo
el mandil gris, el cacarañado esmalte blanco
del cubo rebosante y el agudo chirrido
de su voz como la manivela de la bomba.
Las noches en que la luna dejaba atrás su hastial
volvía a caer a través de su ventana y se posaba
en el agua dispuesta encima de la mesa.
Y allí he descendido para volver a beber, para ser
fiel a la advertencia de su copa, Recuerda al que te da,
que poco a poco va borrándose en el borde.