tremedal
No tenemos praderas
que corten un gran sol al caer la tarde:
en cualquier lugar se rinde el ojo
a un horizonte intruso,
se ve atraído por el ojo ciclópeo
de una laguna. Nuestro campo sin cercas
es un tremedal que se encostra
también entre las apariciones del sol.
Han sacado el esqueleto
del gran alce irlandés
de la turba, lo han ensamblado,
un asombroso cacharro lleno de aire.
Una mantequilla que se hundió
hace más de cien años
reapareció salada y blanca.
La tierra misma es amable, mantequilla negra
que se funde y cede bajo el pie,
dejando su última definición
a millones de años.
Nunca extraerán carbón de aquí,
solo los troncos empapados
de grandes abetos, blandos como pulpa.
Nuestros pioneros siguen acometiendo
hacia dentro, hacia abajo,
en cada estrato que arrancan
parece que alguien acampó en su momento.
Los tollos podrían ser filtraciones atlánticas.
El centro húmedo es insondable.