milagro
No el que toma su camilla y echa a andar
sino aquellos que le han conocido desde siempre
y cargan con él.
Los hombros entumecidos, doloridas y encorvadas
sin remedio las espaldas, las asas de la camilla
resbaladizas de sudor. Y ni una sola pausa
hasta que lo dejan bien atado, para que puedan bascularlo
y subirlo al tejado, y luego hacerlo bajar para la sanación.
Tenlos presentes mientras aguardan que se calme
la quemadura de las cuerdas que han ido soltando,
que su leve incredulidad y desfallecimiento
remitan, ten presente a esos que lo conocen desde siempre.