País Poema - Autores

seamus heaney

la visita de un agente

Su bicicleta se apoyaba en el alféizar,
la cubierta de goma de la aleta
bordeaba el guardabarros delantero,
las gruesas cintas negras del manillar
se calentaban al sol, con la «patata»
de la dinamo amartillada y reluciente,
y los pedales colgaban aliviados
del peso de la bota de la ley.
La gorra descansaba boca arriba
en el suelo, al lado de la silla.
Su presión le había dejado una línea biselada
en el cabello ligeramente sudado.
Había desatado las correas
del pesado libro de contabilidad, y mi padre
calculaba rendimientos de cosechas
en acres, fanegadas y varas.
Aritmética y miedo.
Yo no le quitaba ojo a la pulida pistolera
con su solapa abotonada, el cordón trenzado
enganchado a la culata del revólver.
«¿Algún otro cultivo de tubérculos?
¿Remolacha? ¿Berza? ¿Algo de eso?».
«No». ¿Pero no había una hilera
de nabos donde se habían agotado las semillas
en el campo de patatas? Asumí
pequeñas culpabilidades y me quedé sentado
imaginando el negro agujero en el cuartel.
Se levantó, ajustó la funda de la porra
en el cinturón moviéndola hacia atrás,
cerró el libro del juicio final,
volvió a encajarse la gorra usando las dos manos,
y me dirigió una mirada al despedirse.
Una sombra se agachó en la ventana.
Estaba cerrando el resorte del transportín
sobre el libro. Empujó con la bota
y la bicicleta se fue haciendo tictac, tictac, tictac.