«la puerta estaba abierta y la casa a oscuras»
La puerta estaba abierta y la casa a oscuras,
así que pronuncié su nombre, aunque sabía
que esta vez la respuesta sería el silencio
que me quedé escuchando según iba extendiéndose
hacia atrás y hacia abajo y fuera hacia la calle
en la que cuando entré (ahora lo recuerdo)
también las farolas estaban apagadas.
Me sentí, por primera vez allí y entonces, un extraño,
casi como un intruso, con ganas de escapar
pero teniendo claro que allí no había peligro,
solo una retirada, un nada hostil
vacío, como en un hangar a medianoche
en un aeródromo cubierto de maleza a finales de verano.