País Poema - Autores

seamus heaney

la nutria

Cuando te zambullías
la luz de la Toscana temblaba
y oscilaba en la piscina
de extremo a extremo.
Me encantaban tu cabeza mojada y tu crol de primera,
la espalda y los hombros de buena nadadora
que emergían una y otra vez
ese año como después todos los años.
Me senté en las piedras calientes con la garganta seca.
Estabas fuera de mi alcance.
Las claridades suavizadas, el aire teñido
de un vino diluido y desilusionado.
Gracias a Dios por la lenta carga:
el abrazo que te doy ahora
es tan estrecho e intenso
como el de la atmósfera y el agua.
Mis dos manos son de agua sondeada.
Eras mi palpable, mi ágil
nutria de la memoria
en la piscina del instante,
te girabas para nadar de espaldas,
cada silenciosa patada, los muslos temblorosos,
cambiaba la inclinación de la luz,
te aupaba el frío al cuello.
Y de repente estás fuera,
otra vez aquí, decidida como siempre,
pesada y juguetona con tu pelaje fresco,
mientras dejas tus huellas en las piedras.