País Poema - Autores

seamus heaney

la casa del cantante

Si decían Carrickfergus yo era capaz de oír
el eco congelado de los picos de los mineros de la sal.
Me la imaginé, abovedada y reluciente,
una ciudad hecha de luz.
¿Qué es que lo que decimos ahora
para conjurar la sal de nuestra tierra?
Tantas cosas llegan y se van
que debieran cristalizar y conservarse,
y lo poco que podremos conseguir
son algunas rachas de bonanza
que saquen el meollo de las cosas,
su regusto a temporada y almacén.
Así que me digo Gweebarra
y su música es la del lugar
como lo es el choque del agua y el granito.
Veo el sonido rutilante
enmarcado en tu ventana,
tenedores y cuchillos sobre el hule,
y las cabezas de las focas, perfiladas de repente,
que lo escudriñan todo.
La gente de este lugar solía creer
que las almas de los ahogados vivían en las focas.
En las mareas vivas podían cambiar de forma.
Amaban la música y nadaban en busca de un cantante
que se encontrara a finales del verano
en la entrada de una choza encalada,
el hombro sobre una de las jambas, su canción
un bote de remos que se aleja hacia la noche.
La primera vez que estuve no dejabas de cantar,
algo que recordaba al golpeteo de los picos
cuando aventabas tu subida y tu ataque.
Alza otra vez la voz. Podemos aún creer en lo que oímos.