País Poema - Autores

seamus heaney

intemperie

Es diciembre en Wicklow:
alisos goteantes, abedules
herederos de las últimas luces,
un fresno que da frío de mirarlo.
Un cometa que se perdió
debería poder verse al anochecer,
esos millones de toneladas de luz
como un atisbo de escaramujos y de espinos,
y yo a veces veo una estrella fugaz.
¡Si pudiera encontrar un meteorito!
En cambio camino entre hojas húmedas,
zurrones, la gastadas púas del otoño,
y me imagino a un héroe
en algún recinto enlodado,
y su don es la piedra de una honda
que lanza por los desesperados.
¿Qué he hecho para acabar así?
A menudo pienso en los encantadores
consejos prismáticos de mis amigos
y en el yunque mental de quien me odia
mientras me siento a sopesar y sopesar
mi responsable tristia.
¿Para qué? ¿Por su sonido? ¿Por la gente?
¿Por lo que se murmura a las espaldas?
La lluvia cae entre los alisos,
sus voces poco propicias
mascullan sobre la decepción y el deterioro
y aun así cada gota recuerda
la esencia absoluta del diamante.
No soy ni un recluso ni un soplón;
un exiliado interior, melenudo
y pensativo; un guerrillero del bosque
que escapó de la masacre,
que adopta los colores protectores
del tronco y la corteza, y siente
el soplo de cualquier viento;
alguien que, por aventar estas brasas
por su exiguo calor, dejó escapar
un portento único en la vida,
la rosa palpitante del cometa.