País Poema - Autores

seamus heaney

en el ático

I
Como Jim Hawkins subido a la cruceta
del Hispaniola, con nada bajo él
sino agua verde en calma y arena limpia al fondo,
el barco encallado, en la distancia el mástil escorado
sobre un lecho por donde pasan bancos de peces a rayas…
y cuando ya han pasado, el rostro de Israel Hands
que surgió de los obenques antes de que Jim disparara
parece surgir de nuevo… «Pero estaba bien muerto»,
dice la historia, «a tiros y además ahogado».
II
Un abedul plantado hace veinte años
se interpone entre el mar de Irlanda y yo
en el tragaluz del ático, un hombre varado
en su propio desván, un joven
impecable en la cofa de una vida,
peinado por el aire, ebrio de viento, sujeto
por todo lo que vibra desde la quilla al tope,
frotándose los ojos para poder creerlos y este
abedul del juanete, flotando entre las olas.
III
Con pasos de fantasma por lo que era la terra firma
del linóleo del pasillo, el abuelo aparece ahora,
temblorosa la voz como la pantalla expuesta al viento
que habían instalado antes en el salón social
para la matiné de la que yo acababa de volver.
«E Isaac Hands», pregunta, «¿salía Isaac en esa?».
Tembloroso es también su recuerdo del nombre,
su eterna equivocación, ya definitiva,
como el chapoteo cuando cayó el cuerpo de Israel.
IV
Ahora que envejezco y se me olvidan los nombres,
ahora que mi inseguridad en las escaleras
va pareciéndose más y más a los vértigos
de un grumete por primera vez en las jarcias,
ahora que lo memorable va tocando fondo
entre lo que es ya irrecuperable,
no es que haya dejado de poder imaginar
esa leve e impropia sacudida y acometida del mundo
mientras el viento arrecia y se levan las anclas.