el farol del espino
La inverniza majuela se enciende fuera de temporada,
poma del espino, luz menuda para gentes menudas,
de quienes nada requiere aparte de que eviten
que se les apague del todo el pábilo del amor propio,
pues deslumbrarlas con la iluminación no es necesario.
Pero a veces cuando el aliento se empenacha en la helada
adopta la forma errabunda de Diógenes
que sale con su farol a buscar un hombre justo;
de modo que acabas sintiéndote observado desde tras la majuela
que sostiene en su rama a la altura de tus ojos,
y te estremeces ante la unión de pulpa y hueso, ante la espina
y la sangre que desearías que te probara y te absolviera,
la picoteada sazón que te examina, y luego pasa de largo.