País Poema - Autores

seamus heaney

dos camiones

Llueve sobre negro carbón y tibia y húmeda ceniza.
En el patio hay marcas de neumáticos, el viejo camión
de Agnew tiene las cartolas bajadas y Agnew el carbonero
trata de engatusar con su acento de Belfast a mi madre.
¿Le gustaría ir alguna vez a ver una película a Magherafelt?
Pero está lloviendo y aún tiene medio cargamento
que repartir en otra parte. En esta ocasión el yacimiento
del carbón era de un sedoso negro, así que la ceniza
sería del más sedoso blanco. El autobús de Magherafelt
(vía Toomebridge) pasa. Casi desmantelado, el camión
con sus sacos vacíos y plegados emociona a mi madre:
¡qué modales más seductores los del carbonero!
¡Y películas, nada menos! El descaro de un carbonero…
Vuelve a meterse en casa y saca el grafito
y la lija, esta mujer de los años cuarenta, mi madre,
sin parar alrededor de la cocina, limpiándose la ceniza
de la mejilla con una mano mientras el camión
se revoluciona y maniobra y pone rumbo a Magherafelt
y a la última entrega. ¡Oh, Magherafelt!
Oh, el sueño de una moqueta roja y un carbonero
donde si avanzamos en el tiempo otro camión
entra en escena rezongando por Broad Street, con una carga
que reduce la estación de autobuses a polvo y a ceniza…
Después de que ocurriera tuve una visión de mi madre,
una aparición en el banco donde solía encontrármela
en aquella sala de espera de helados suelos en Magherafelt,
las bolsas de la compra llenas hasta arriba de ceniza.
La muerte pasó a su lado como un tiznado carbonero
que doblara bolsas para cadáveres, plegando su carga,
vacías unas sobre otras, en un aluvión
de motas y revoluciones de motor, pero ¿de qué camión
se trataba ahora? El del joven Agnew o ese más grande,
más mortífero, preparado para explotar su carga
en una época posterior a la de mi madre en Magherafelt…
Así que recuenta sacos y engatusa a la oscuridad, carbonero.
Escucha la lluvia chisporrotear sobre la nueva ceniza
mientras alzas una carga de polvo que fue Magherafelt,
luego reaparece tras tu camión igual que el de mi madre:
ese carbonero de ensueño con una película de ceniza blanca.