de travesías
XXVII
Todo fluye. Incluso a un hombre fornido,
un pilar de sí mismo y de su oficio,
con sus botas amarillas, su bastón y su sombrero,
pueden brotarle alas en los tobillos y volverse
alígero como un dios de las ferias, los hitos, los caminos
y las encrucijadas, protector de viajeros, psicopompo.
«Busca a un hombre con una vara de fresno en el barco»,
le aconsejó mi padre a su hermana, que partía
hacia Londres, «y quédate cerca de él toda la noche
y estarás a salvo». ¡Que fluya, que fluya todavía
el viaje del alma acompañada de su guía
y los misterios de los tratantes de ganado con bastones!