de iluminaciones
VIII
Dicen las crónicas: los monjes de Clonmacnoise
se encontraban rezando dentro del oratorio
cuando un barco apareció sobre ellos en el aire.
El ancla se arrastraba tras él a tal profundidad
que se enganchó en el comulgatorio; entonces,
mientras el gran casco se balanceaba hasta pararse,
uno de los tripulantes se deslizó aferrándose a la cuerda
y trató denodadamente de soltarla. Pero en vano.
«Este hombre no soportará esta vida y se ahogará»,
dijo el abad, «a no ser que le ayudemos». Y así
hicieron, el barco liberado zarpó, y el hombre trepó de vuelta
y dejó atrás lo maravilloso tal y como se lo había encontrado.