País Poema - Autores

seamus heaney

castigo

Puedo sentir el tirón
del dogal en su nuca,
el roce del viento
sobre su torso desnudo.
Transforma sus pezones
en gotas de ámbar,
agita la arboladura
frágil de sus costillas.
Puedo ver su cuerpo
ahogado en el pantano,
el lastre de piedra, las cañas
y ramas que flotan,
bajo las que al principio
ella era un retoño sin corteza
al ser desenterrada,
huesos de roble, barril de sesos:
la cabeza afeitada
como un rastrojo de maíz negro,
la venda de los ojos un sucio apósito,
la soga un anillo
donde atesorar
recuerdos amorosos.
Pequeña adúltera,
antes de tu castigo
eras de blonda cabellera,
estabas desnutrida, y tu rostro
alquitranado era hermoso.
Mi pobre víctima propiciatoria,
poco me falta para amarte,
aunque habría arrojado, bien lo sé,
las piedras del silencio.
Soy el taimado fisgón
de los panales expuestos
y oscurecidos de tus sesos,
las cinchas de tus músculos
y todos tus huesos numerados:
yo que me quedé callado
cuando tus traidoras hermanas,
tocadas de alquitrán,
lloraban junto a las verjas,
yo que haría la vista gorda
ante el civilizado ultraje
y entendería sin embargo la exacta
y tribal, la íntima venganza.