cadena humana
Mientras veía las bolsas de comida pasar de mano en mano
en primer plano por los cooperantes, y a los soldados
disparar sobre la turba, volví a encontrar apoyo
agarrándome a las dos puntas de un costal,
dos haces de grano que había convertido en asas
para poder asirlo de algún sitio, listo para el esfuerzo…
El cara a cara, auparlo al ritmo de un dos, un dos
hasta el remolque, luego agacharse y arrastrar y vaciar
la siguiente carga. Nada superaba
aquel rápido vaciamiento, la verdadera venganza del deslome,
un dejar ir que jamás regresará.
O que lo hará una vez. Y para siempre.