once
Sácalo.
Ponle las manos en la puerta,
píntalo de amarillo como los girasoles.
Era un símbolo cuando desayunaba contigo,
cuando te abría la reja para que metieras el coche.
Por ti soportó humillaciones
y estaba dispuesto a seguir arrastrándose.
Pero la manera en que entró a tu casa
no fue un golpe bajo
o a la presentación de un libro.