amor de hombres muertos
Había un maldito poeta exitoso;
había una mujer como el sol.
Y estaban muertos. Ellos no lo sabían.
No sabían que su tiempo había terminado.
No sabían que sus himnos eran silencio;
y sus miembros, que tan bien habían servido al Amor,
eran polvo y hedor.
Y así, un día, como siempre,
con las manos extendidas, se apresuraron, rodilla con rodilla;
para abrazarse y besarse en llamas,
para verse en los ojos del otro,
y en ese largo abrazo
sentir los labios y el pecho calentarse
en el pecho y el labio y el brazo.
Así que, rodilla con rodilla, se acercaron,
y entre risas corrieron, me han dicho,
por las calles del infierno.
Y entonces,
de repente sintieron que el viento soplaba frío,
y, estrechamente abrazados,
sintieron el aire gélido en los labios, en el pecho,
y, con un enfermizo estupor,
el vacío de los ojos.