el hombre cabal no dista del enloquecido
El hombre cabal no dista del enloquecido. Sus manos abrazan montañas y rutas. Ante si tiene siempre el imperio de lo imperfecto. Sus palabras son lodo y del lodo resucita lo esencial del lenguaje. Enloquecido, ha mesurado tiento y razón para evidenciar la nitidez. Nitidez de estancia y posibilidad de abrevar en los intersticios. No radica la fe en la grieta sino en la hendidura. El hombre cabal, cada invierno, destruye el piso de su casa.