poema 2
Había caído en el fondo mismo de la tarde ese sopor tibio
y húmedo de la pena.
De la pena.
Había trepado por las paredes tersas de la tarde ese rumor
ahogado de la sombra.
De la sombra.
Había empapado el vientre mismo de la tarde ese vaho espeso
y grumoso del cansancio.
Del cansancio.
Y había quedado, apenas quieto, apenas solo, ese resplandor
pequeño, fugaz, desdichado y triste, de la luz.
De la luz.