velázquez
Se apareció la Vida una mañana
y le suplicó:
- Píntame, retrátame
como soy realmente o como tu
quisieras realmente que yo fuese.
Mírame, aquí, modelo sometido,
sobre un punto, esperando que me fijes.
Soy un espejo en busca de otro espejo.
***
Mediodía sereno,
descansado
de la Pintura. Pleno
presente Mediodía, sin pasado.
***
Te veo en mis mañanas madrileñas,
cuando decía: Voy al Pardo, voy
a la Casa de Campo, al Manzanares…
Y entraba en el Museo.
***
… Y entraba por la puerta de tus cuadros
al encinar, al monte, al cielo, al río,
con ecos de ladridos, de disparos
y fugitivas ciervas diluidas
en el pintado azul de Guadarrama.
***
Conocía los troncos y las hojas,
la herradura en la tierra,
la huella del lebrel
y hasta esas briznas
que en las sombras no son más que el alivio
del pincel que al pasar las acaricia.
***
La majestad del cielo
sobre la melancólica
majestad de la encina que guarece
la tristeza cansada de un retrato.
***
Y también conocía
aquel azul a quien le preguntaba:
- ¿Qué es ese azul que apenas
si es montaña, si es nieve, si es azul?
***
Y su respuesta:
- Soy, pero teniendo
por pincelada y por color el aire.
***
La pintura en tu mano se serena
y el color y la Iínea se revisten
de hermosura, de aire y "luz no usada.”
***
Yo me entre -soy el aire- en el cuadrado
abierto de las telas, en los regios
salones, en las cámaras umbrías,
y allí envolví los muebles, las figuras,
revistiéndolo todo, rodeándolo
de ese vívido hálito que hoy
hace decir:
- Mojaba su tranquilo
pincel en una atmósfera oreada.
***
Dice el pincel:
- Como también soy río,
lo envuelvo todo a veces
en un vaho de plata.
***
La tenue rosa gris argentería.
***
En tu mano un cincel,
pincel se hubiera vuelto,
pincel, solo pincel,
pajaro suelto.
***
De las profundidades vaporosas
surjo denso vapor,
humana forma aérea condensada.
***
Dice el borracho:
- Tengo
noble cara de príncipe y borracho,
de príncipe borracho o de beodo
que fuera rey y borracho a un mismo tiempo.
***
Y el tonto:
- Me retratan
como a S.M. o al Conde Duque.
Soy D. Bobo Felipe de Coria y Olivares.
***
¿Quién el más noble príncipe? ¿El que alza
el arma cazadora entre sus guantes
o el perro que a sus pies mira tranquilo?
***
Sangre azul en los perros de Velázquez.
***
Habla un alano:
- Hubiera yo -no veis?-
tan bien pintado, dirigido el reino.
***
Y un lebrel:
- Si, llamadme
S.M. Felipe Lebrel IV.
***
Mas tambien los caballos le podrían
disputar a los perros la corona.
***
Hago sonar los niños como rubias
campanas repicadas de colores.
***
La Gracia se vistió, la austera Gracia;
pero de pronto se miró desnuda
Venus tranquila al fondo de un espejo.
***
Serio color fluido sin ofensa.
Severidad, mar calma, sin ataque.
***
Los negros como túmulos,
los trajes negros como monumentos.
***
La distinción le dijo ante la lámina
rigurosa y exacta de un espejo:
- Tengo un nombre. Me llamo…
Y el pintor retrató su propia imagen.
***
Nunca la línea se sintió más ágil
y menos responsable del contorno.
Soy el volumen que me da la mano
que modela el color y no la arcilla.
***
Soy en la tela un soplo,
el paso detenido de un momento.
Y en la historia del tiempo,
el ligerísimo roce fugaz de un ala perdurable.
***
Más vida, sí, más vida, y tu pintura,
de haber vivido, más que real pintura
hubiera sido pintura sugerida,
leve mancha, almo cuerpo diluido.