ofrecimiento dulce a las aguas amargas
Aquí ya la tenéis, ¡oh viejas mares mías!
Encántamela tú, madre mar gaditana.
Es la recién nacida alegre de los ríos
americanos, es la hija de los desastres.
Niña que un alentado alud, que una tormenta
de anhelantes y un cálculo de pálidos funestos,
antes que trasminara de mis dormidos poros,
cuando ni ser podía leve brisa en mi sangre,
conmigo la empujaron
hacia estos numerosos kilómetros de agua.
Mares mías lejanas, dadle vuestra belleza;
tu breve añil, redonda bahía de mi infancia.
Caliéntale la frente con el respiro blanco
de la espuma, la gracia, la sal de tus veleros.
Abridle por las rosas laderas de su vida,
¡oh mares de mis cuatro litorales perdidos!,
oliveras con cabras paciendo los ramones
y un rumor de lagares en paz por las aldeas.
Perenne, una paloma
mantenga, consumiéndose, puro el vino, el aceite.
Mostradle, mares, muéstrale, mar familiar vivida,
mis raíces que crecen cuando tú te levantas,
muéstrale los orígenes, lo natal de mi canto,
su ramificación con tus algas profundas.
Sea su orgullo, niña de las dulces corrientes,
saberse voz salada, sol y soplos marinos,
crecer, siendo fluvial enredadera, oyendo
llamarse hija del mar, nieta azul de las olas.
Viva como una barca
que rebosando fondo sube a la superficie.
Yo os la suplico, mares, de faenas tranquilas,
sereno mar propicio a las llanas labores,
por donde sin acoso los náuticos arados
surquen favorecidos en los bueyes del viento.
Albas de labrantías mareas lineales,
cenit de plenitudes, de pleamar cumplida,
siesta de llenos ojos, vésperos eximidos
de la sombra y la piedra del corazón sin nadie.
Con las estrellas, alto
navegar por los fieles derroteros del sueño.
Oh mares de desgracias, rica mar de catástrofes,
avara mar de hombres que beben agua dulce,
aquí ya la tenéis! De pie sobre los hombros
de sus ríos, suspensos de sauces y caballos
llorándoos larga, verde docilidad, espejo,
palma de mano abierta a las lunas pacíficas,
con ese sentimiento del hijo que ya siente
morirse de su mar, perdiendo aves y playas,
mares abuelos, triste madre mar, os la nombro
rubia Aitana de América.