(museo del prado)
Aquí, como los toros, tal vez a morir vienes
a la bella querencia de los cuadros antiguos,
en el descenso lento de la tarde,
cuando el museo va a quedarse solo
y tú vas a fijar dentro de tu mirada
las vívidas figuras que más te acompañaron,
inmortales de nuevo
para los nuevos ojos que las sigan mirando.
Tú, no, tú ya declinas,
te doblas dulcemente, tranquilo, atravesado
como por una espada sin rencor,
mientras oyes la música callada, silenciosa,
el adiós, el aplauso
de todas las escenas, retratos y paisajes
de los cuadros que tanto te quisieron
y de cerca o distantes siempre te acompañaron.