denuestos y alabanzas rimadas en mi propio honor
Es un poeta.
Es un buen poeta.
Es un gran poeta.
Es un grandísimo poeta.
Sin igual.
Genial.
Se puede decir que ya inmortal.
Aunque a mí me parece desigual.
Yo diría que ahora un carcamal.
El mejor del llamado grupo del 27.
Decir eso,señor, le compromete.
No es más que un simple sonsonete,
un metesaca, un saca y mete,
un pirotécnico, un cohete.
Hábleme usted sólo de Lorca,
de Lorca, Lorca, Lorca, Lorca.
De Federico García Lorca.
Ése sí.
¿Por qué afirma usted que sí?
Pues porque sí, que sí, que sí
Eso no me lo parece a mí.
Es un poeta que está bien.
Yo diría que no tan bien
en la generación Lorca-Guillén.
Más de Lorca que de Guillén.
Si me lo dice usted, amén.
Pues yo, señor, lo considero
un poeta de cuerpo entero,
que se las echa de torero,
el más juncal y volandero.
Aunque de tanto en tanto, un mal coplero.
En un buen son, un buen tin-tin.
Es un columpio, un balancín,
un volapié, un bailarín.
Y como dijo Bergamín
- porque así entonces le parecía -
el Joselito de la poesía,
la sal, la gracia, la alegría,
lo mejor de la Andalucía.
No paso por eso.
El se ha creído siempre eso.
La cosa cae por su propio peso.
Ahí están Jiménez, los Machado,
Aleixandre, Cernuda, Altolaguirre, Prados,
andaluces por los cuatro costados.
¿Qué tiene eso que ver?
¡Déjese, por Dios, de joder!
Lo tiene usted que comprender.
Es multiforme, el más diverso.
Maneja como nadie el verso.
Poeta de todo el Universo.
Es usted tan tonto como perverso.
Fue el más perfecto gongorino.
El mejor de todos sus trinos.
Hoy a distancia un gran cretino.
Y luego se metió en política.
Que era como prendarse de una tía sifilítica.
Ahí comienza a volverse su musa paralítica.
¡Qué me va usted a decir!
Todos lo hubimos de sufrir.
Para mí dejó de existir.
Un despistado soberano,
que dejó pronto de ser republicano.
Y que de popular, de vanguardista,
de ocasionístico surrealista,
acabó, como tantos, también en comunista.
Un poetastro al fin comprometido.
Yo diría que hoy perfectamente corrompido,
al oro ruso vendido.
Desde entonces, ¡cómo ha vivido!
Eso se da por archisabido.
Se sacó el Premio Lenin de la Paz.
Los millones para amasar.
¡Qué me va usted a contar!
Sería el cuento de nunca acabar.
Vive mejor que el Papa en Roma,
cada día se come una paloma.
Ser Premio de la Paz no es una broma.
Ahí dice usted una verdad.
A pesar de su mucha edad
Es un poeta de la libertad.
Y demuéstreme usted que no es verdad.
Aquí le cojo,
es un rojo,
es un poeta completamente rojo.
Es decir, desde entonces, un molestísimo piojo.
Es así.
No es así.
¡Qué me va usted a decir a mí!
Un cuentero.
Como comprometido, un fácil coplero.
Más bien diría yo un buen aleluyero.
Pero su obra muestra lo contrario.
Es un poeta multimillonario
en nuevos ritmos, en canciones,
en versos libres a montones,
conocido en todas las naciones.
Haga usted el favor de tocarme los compañones.
¿Qué me dice usted de su pintura?
Que tiene mucha rima: impostura,
ignorancia segura,
pura
y huera escritura,
mala literatura.
Y si no fuera el poeta que es: una basura.
Y ahora hablemos de su destierro.
Precisamente no llevó una vida de perro.
¿Por qué tenía que ser de perro?
Hubiera usted querido ver su entierro.
Y al fin le tocó regresar.
Cuando es más viejo que un palmar.
Pero ama su tierra, ama su mar.
Es una España de llorar.
Aunque él vuelve para cantar.
No me hable de su venida.
Es una mentira podrida.
Una publicidad muy bien urdida.
Ni que fuera el Cid desterrado.
Ni el Rey Fernando el Deseado.
Ni la mejor despechugada
Sofía Loren ni la alada
Giralda fiel que derrotada
hubiera vivido exiliada.
Primero dijo que vendría
para un tal «Adefesio» que en Madrid exhibía
María Casares, la gran María
y toda su magnífica compañía.
María Casares, esa francesa,
esa galaica-portuguesa.
Que si viene, que si no viene,
que si esa fecha le conviene,
que si esa otra no le conviene.
Y así un día.
Y así otro día, que la amnistía,
que si la amnistía.
Que por eso se fue a Roma a ver al Rey.
Que ahora es su Dios, que ahora es su Ley.
Que agachó la cabeza como un buey.
Que al fin no viene.
Que al fin viene.
Que al fin no viene porque tiene,
porque es que tiene mucho miedo.
A esto responde con un pedo.
Que puede ser sonoro o quedo
según a quien se lo dirija.
Que puede tal vez ser a un hijo o hija
de ese que afila la navaja
y que después se raja o naja.
Al fin llegó a España con su gran perro «El Chico».
Que más que perro es un pobre mico.
Valdrá no más de diez pesetas y pico.
Se volverá con él un poeta rico.
Irá de la Cibeles hasta el Museo del Prado,
y se sentirá «El Chico» al fin salvado.
Y él un viejo poeta afortunado.
Aspirante además a Diputado.
Esa es la cosa.
La cosa más maravillosa.
Yo diría que desastrosa.
A Diputado comunista.
No iba usted a pensar que aliancista
popularista.
Siempre fue un militante comunista.
Por orden alfabético el primero de la lista.
Le digo a usted que Cádiz ha perdido la pista.
Un gran poeta, por favor, Diputado.
Eso en España nunca jamás se ha dado.
Será seguramente ni carne ni pescado.
Pero él todo lo tiene bien pensado.
Cantando irá a las elecciones.
España necesita de canciones.
El pueblo está cansado de sermones
y de tantas genuflexiones.
Pero ahora se marcha su persona
mucho más vanidosa que una mona
a hacerse la publicidad en Barcelona.
Es un pobre pelafustán.
Con algo de comerciante catalán.
Ya que en Castilla las cosas literarias tan bien no le van
y allí siempre le han ido y sabe que le irán.
Y qué me dice usted de aquel jaleo de las mejores galerías de arte?
En Cataluña eso es un punto y aparte.
Abierto y generoso cuando quiere alabarte.
Tanto ruido de nueces en su honor.
Que si es un poeta y a la vez un pintor.
Yo diría que en esto, siempre un imitador.
Pues yo señor más bien diría
que más que hacer pintura hace caligrafía.
Un arábigo-chino del sol de Andalucía.
Su amigo Joan Miró quizás lo aprobaría.
Dice que está dispuesto allí cada mañana
a bailar con el pueblo catalán la sardana.
Que él la convertiría en una sevillana.
O en unas alegrías con la sal gaditana.
Mas vedme aquí de veras y en paz.
Dadme la mano
abierta del hermano.
De un andaluz.
De un gaditano.
Que blandiendo la hoz y el martillo
en ese instante en que la luz empieza
no confunde la hoz con un cuchillo
y menos el martillo con un rompecabezas.
Y gracias, gracias, gracias, mil gracias voladoras
por tantos homenajes sin fin a todas horas
en los grandes diarios y en las ilustradoras
revistas entre bellas y desnudas señoras.
Puedo pensar amigos que llegué al Paraíso
Terrenal en el día, en el punto preciso
en que el pueblo de España no quiere ser sumiso.
Y aquí está mi palabra, el cántico empeñado
de un poeta que sabe todo lo que ha ganado
saliendo por las Cortes de Cádiz Diputado.