bahía del ritmo y de la gracia
Cuántas veces, Oh Cádiz, te habré visto
unida al coro blanco de tus puertos,
casi en el aire, cimbrearte toda,
sobre el óvalo azul de tu bahía.
Bailan desnudos tus antiguos hombros,
bailan desnudos tus combados brazos,
bailan desnudas tus caderas largas,
tu grácil vientre y tus preciosas piernas.
Ven, Telethusa, romana de Cádiz,
ven a bailar bajo el sol marinero,
ven por la sal y las dunas calientes,
por las bodegas y los verdes lagares.
Diestra en quebrar la delgada cintura,
en repicar los palillos sonoros,
diestra en volar sin dormirte en el vuelo,
en no pesar al pisar en la tierra.
Ven que te sueñan tus gracias remotas.
Las gaditanas sonrisas no han muerto.
Del barandal de los finos balcones
cantan abiertas sus sales floridas.
Ven, Telethusa, los patios profundos,
sus emparrados secretos te esperan:
las Alegrías, el Polo, la Caña,
la Soledad y el Olé gaditano.
Hondas gargantas dolidas susurran,
lentas crepitan guitrarras murientes.
Cádiz te ciñe, sus olas te abrazan.
Tú eres el mar y la espuma de Cádiz.