la yapa
Como una sola estrella no es el cielo,
ni una gota que salta, el océano,
ni una falange rígida, la mano,
ni una brizna de paja, el santo suelo:
tu gimnasia de carcel, no es el vuelo,
el sublime tramonto soberano,
ni nunca podrá ser anhelo humano
tu miserable personal anhelo.
¿Qué saben de lo eterno las esferas?
¿de las borrascas del mar, las gotas?
¿de puñetazos, las falanges rotas?
¿de harina y pan, la pajas de las eras?...
¡Deténte por piedad, pluma, no quieras
que abandone sus armas el idiota!