inmune al gris hambriento
Inmune al gris hambriento
de la niebla, fue el odio (el odio,
pronunciado mañana y tarde en el alero)
quien te mantuvo cerca. Sabíamos
que sólo la ebriedad
había hecho al sol
arrastrarse por las persianas.
Sabíamos que un vacío
más hondo aún
era construido por gaviotas
que hurgaban en sus propios gritos. Sabíamos
que sabían
que aterrizar era espejismo.
Y que esperaba,
desde la hora primera en que
yo me había acercado a ti.
Mi piel, estremeciéndose en la luz.
La luz, hecha pedazos a mi tacto.