el huevo delimita su renuncia
El huevo delimita su renuncia, no puede
sonar en el tañido de otro, el más pequeño
martilleo, antes de que el gemido
se abra paso de un tajo y el ojo desperdicie
el subterfugio de una lámpara más duradera.
Alzado hasta ser habla, porta
su propio nacimiento y, si se hace pedazos,
no dejes de aclamar su caída y contradicción.
Tu tierra siempre estará lejos.