ya no están
Ya no están esos pies cuyas huellas marcaban mi caminar,
Ni esa voz que susurraba sueños de bienestar,
Con esa guitarra que gritaba libertad,
Con esa danza de igualdad.
Esa mirada que me mostraba el alma,
Llena de inquieta calma,
Que sin conformarse luchaba por un mejor mañana.
Un día llegaron y a fuerza apagaron,
A esa voz susurrante,
A la guitarra del cantante,
Y al caminante.
Esa inquieta calma se transformó,
En el dolor del alma,
De quienes buscan a los que arrebatados fueron por las armas.