Ponemos tanto azul en esa distancia
anclada en claridad incierta
y nos quedamos en las paredes del viento
a escurrir todo lo que él invade.
Pusimos tantas flores en las horas breves
que secan hojas en los árboles de los dedos.
Y quedamos ceñidos en las estatuas
a mordernos en la carne de un secreto.