gore pro nobis
Conociste al dios de los protestantes
aquella noche en que abordaste la unidad,
uno de cada cuatro
en hilera, pasillo o ventana:
estudiante de enfermería. 19.
jubilado. 62.
operador de maquila. 39.
abuela lavandera. 52
preparatoriana. 17.
ama de casa. 17.
niño en brazos. 0.7.
todos dormitaban con la misma
expresión de los que ya no respiran,
con la quijada suelta,
el cráneo apoyado a la ventana,
y parte de ellos:
resollos.
Conociste a ese dios…
y te burlaste
de su incompetencia,
te burlaste al darte cuenta
que todos creían en deidades
distintas
y que tú no ibas a unificarlos nunca
que tú sólo vendrías a separarlos.
Viste al dios de los protestantes
entre las arrugas de aquel docente
que iba de pie –tosiendo-
Lo viste en la boca herpética
de tu amiga del colegio
dos noches antes.
Te reíste a carcajadas
del dios de los protestantes
que modificando
el gravamen de autodestrucción
y cobrando el
derecho de piso
te colocó esa noche
a las afueras de esa colonia
donde verías a tus doce amigos.
Lo miraste
masticar cadmio
durante la noche triste,
lo miraste
– aunque no lo vieras-
ignorarte mientras comía uvas plateadas
y mientras tú
eras crucificado
por la pandilla enemiga.
Mientras pateaban tu cráneo y
se mofaban
y tú balbuceabas
“por qué me has abandonado”
aunque vieras
al dios de los protestantes
sentado en su pedestal,
y escucharas que se riera
y te rieras de lo vano
que fue tu venida sobre el mundo.
Conociste al dios de los protestantes,
tu padre,
en cada uno de tus tatuajes.
Tus muelas sobre
la duela de básquet
se transfiguraron en los profetas y el juicio.
Conociste al dios de los protestantes,
y supiste
que no eras muy distinto a él…
Le dijiste, carcajeando, a tu homie Sol-Rac:
Esta noche habrá un banquete en el reino de los cielos.