PAIS POEMA

Libros de míkel f. deltoya

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míkel f. deltoya

e-pístola91 (o carta punto docx)

La carta está en peligro de extinción:
podemos ver la etiqueta
roja orientándose
cada vez más
a la izquierda
alarmándonos:
Epístola amenazada…
y más peligra
con desaparecer
si es carta en verso
(que ahora
recita peligro crítico
y consigo un sticker
que formula:
endangered).
Hace un tiempo platicamos
acerca de las taras y vicios
de nuestra inestable generación:
falta de lectura,
errorez de edizión,
hablamos del centralismo
y lo solemne
del macro-canon,
nos burlamos del amiguismo,
de los autores que cien becas perdieron,
del caos en nuestra poesía
y antologías que no la incluyeron.
Circo, letra encerrada y teatro
de la poesía un duunvirato.
Pienso en si -tal vez en unos cuantos años-
cuando dejemos de ser jóvenes,
cuando el añoro de un trabajo ideal
se funda en necesidad,
cuando la espalda nos duela
y el frigorífico no tenga leche
o en la alacena sólo
hayan sobres a medias
de café soluble,
cuando seamos “underrucos”
y miremos caer
como plumas de ángel desterrado del
paraíso prometido
nuestros cabellos…
cuando el tabacoya no nos sepa a nada
y mecánicamente bebamos cerveza
sin saciar la sed ni el vacío,
cuando alguien toque la puerta
pero no queramos abrir
y ya no estemos para leer en las calles,
compadre,
leer en los bares,
compadre,
pienso en si nuestra poesía envejecerá
con nosotros o madurará como fruta.
Me intriga saberlo,
pensar que el hecho de escribir
representase el esparcimiento
de una semilla y sobre la hoja en blanco,
sobre el papel libreta,
esa semilla brote y
tras un largo tiempo de regarla con
opiniones ajenas,
la escritura madure, se fortalezca,
bufe de la excitación
con mirarse a sí misma
publicada.
Te escribo esta carta,
porque sólo contigo me entiendo
sin entendernos mucho,
porque los dos
terminamos con la piel de gallina
y un intransferible
sentimiento de plenitud
eternidad
vocación…
luego de una cátedra con
aquel enormísimo
cantor de Tecate
que con su lengua reveladora
nos ha abierto caminos
como si de eso se tratara
esta búsqueda interminable
y abundante en puertas cerradas.
Te escribo a ti, nada más,
porque tienes un pandemónium
de autores y textos
qué recomendar…
la mitad lecturas frescas
la mitad serendipias de browser
todas ellas curiosidad.
Porque ambos vimos nuestros egos de plastilina
derretirse con la apolínea
voz de la señorita Cora
escupiéndonos conejitos
y lanzándonos dardos clásicos,
te escribo
porque no tengo a nadie
más a quién dirigir
una misiva sino a ti,
aunque no me entiendas.
Y es que no existen fronteras,
(Aunque yo sea
another pinche border poet)
no existen fronteras
en la poesía, carnal…
pese a que el canon pretenda
desaparecer
el término Literatura norte
(eso es-tá-cañón)
y lo hagan sinónimo de
aquella estigma
titulado “apología de la violencia”.
Te escribo porque
debe haber algún misterio
cabalístico en el
Número 91:
primer año
de los sweet 90´s;
año que nos vio nacer
y que hoy día se encuentra
a poco más de dos décadas
de distancia.
Cuando el T-800
viajaba al pasado
para salvar a John Connor
y ser el prócer
de nuestro apocalíptico futuro.
-Arnold Muchasletras
lo vaticinó-
I´ll be back.
Desconozco quién ganó
la copa de la Copa México ese año
(seguramente nadie),
sé que cayó la U.R.S.S
tras años de ir
siendo desmembrada
poco a poco
y cuando quiso sacar la bandera
blanquecina
-como esta hoja en blanco-
su rendición
anunció el fin
de la Cold War
con un trozo de tela
empapado de sangre.
-¿Qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de paciencia y asco?-
el uruguayo dixit,
nos quedan los libros en .pdf, por supuesto,
porque no hay más papel
pero sí más vista cansada
nos queda el carnet VIP
para ingresar a la biblioteca
y olisquear una tierra prometida
que don Alfonso encriptó para nosotros,
nos queda la vergüenza de haber nacido
en un mundo donde Miles Davis acababa de morir.
Nos queda el último suspiro
convertido en abrazo,
guardar todos los cambios
y con ello, subsistir…
compadre mío
y como poetas, coexistir.
Ahora sólo falta cumplir la profecía
del cantor de Tecate,
abrir las puertas,
romper ventanas
adjuntar textos
y esperar…
Del nueve uno no sé mucho:
sé que Paz publicaba puras
convergencias,
que el buen Ch P escribía
su tentativa de sax
y que tú y yo balbuceábamos,
e íbamos
despuntados
sin saber que
haríamos poesía,
que seríamos poesía,
compadre,
de esa que desconozco
si en verdad habita
en esta carta-pesadumbre
este intento fallido de
versificación,
este documento, compa,
balbuceo sin métrica
en peligro de extinción.