amor y brujas
Era una criada pequeña, temerosa.
Su madre la dejó completamente sola;
cerrada su puerta con cerrojo de hierro,
y sobre el umbral, para la suerte, un amuleto.
Durante muchas noches se despertó asustada,
cuando las brujas volaron sobre la casa.
Se oye un laúd en la quieta medianoche,
notas que vienen a cantar en la puerta,
y se ven destellos de una luz dorada:
—Abre, cariño, te lo imploro—
Ella no pudo evitar la idea de que era Amor,
aunque nunca antes lo había conocido.
Ella descorrió súbitamente el cerrojo de hierro,
hizo rodar lejos la piedra de la suerte,
y con cuidado dejó la puerta entreabierta.
—Ahora entra, Amor, te lo ruego;
te he vigilado durante mucho tiempo—.
Con el rugido de alas sombrías,
dieron a la puerta un empujón ventoso;
se posaban sobre sillas y escobas y cosas;
como murciélagos la rodeaban desde arriba.
Pobre pequeña criada,
por amor dejaría entrar a las brujas.