un cuerpo al que pudieras hacer arder
No veas detrás de mí la ristra de cadáveres
que parece asediarme y seguirme
desde un territorio caluroso y lejano.
No veas el signo de desamparo que hay en mis ojos,
febriles por ver tantos incendios.
No veas en mi carne el epítome de un país
ensangrentado.
No sientas en mi estremecimiento
el temblor
de los sufren,
este miedo es único y me pertenece,
no distingas en mi voz
alaridos de aparecidos,
concédeme el privilegio
de una desolación propia.
No veas en mi rostro
celajes
de ninguna patria
danzando con la muerte.
Sólo quiero que veas este cuerpo que soy,
sustancia persistente
sin espectros
piel y huesos.
Un cuerpo
al que pudieras hacer arder