signo de nacimiento
He tocado algunas puertas conjuradas para no abrirse jamás
y me hice amante de la intemperie y de la mordida del frio.
Una morada me exhibió sus entrañas humeantes de refugio
se maquilló como mi irreductible recinto,
para luego serme esquiva y exhalar cerrojos
frente al ascenso de mi fragilidad.
Aprendí a ser promontorio que habita lo lúgubre
quizás, por un signo de nacimiento.
Otras puertas se abrieron impúdicas
sin esperar mi anunciación nocturna y mi tacto suplicante
murmuraban punzantes mantras de invitación
que me laceraban los oídos y sustituían con pavor
mi sed de lecho y calor,
evité adentrarme en sus interiores míseros o suntuosos.
Una puerta se ha abierto como flor que esparce lo piadoso
como un beso que ha lavado la tierra entera
me engulle exultante y me transfigura en huésped y morada.
Eres mi huésped y mi morada
somos el alojamiento mutuo
quizás, por un signo de nacimiento.