el pecado de la piel
Se vuelve pecado el aire que respiro
al querer besar la noche que exalta tu piel.
Inquieto vuelve tu cuerpo al mío,
que envuelto en susurro, gime por ti.
Derramo mi respiración sobre tu cuello
mientras mis manos se detienen
allí donde tu corazón siento.
Tiembla el epicentro desnudo de mi deseo
cuando pretendo alcanzar tu lengua
mordiéndola a escondidas de un beso.
Y sobre tu cuerpo, el mío deposito;
osada la marea de mis caderas
que hacen navegar las tuyas,
roce sagrado de dos gotas de agua intensas.
Queda tu nombre escrito en mi cuerpo,
en algún lugar perdido
entre el desierto de mi ombligo
y el horizonte de tu deseo.