después de suicidarme
Ah la paloma que vuela sobre el papel,
la paloma que se abre de piernas ante el abismo
diciendo eso es tu sexo, una paloma
muerta, nieve sobre el cuerpo,
un disparo en la sien
diciendo que yo no existo.
Qué horrenda es la vida cuando el acero brilla
entre tus dos piernas, mujer
que adoras al acero
que cubres de nieve mi alma
diciendo «Tú no existes
y eres menos que el alma»
mientras la mosca vuela en torno
del poema.
La vida es una bestia
que acosa en los recuerdos,
que nos persigue en el sueño
corriendo y acezando por la página en blanco.
Quién soy yo, dijo el hombre
como un vampiro asombrándose ante el espejo
y muerto en la pared como un insecto
hábil como la muerte
como el secreto que siempre hay entre dos hombres
que desoyen los gritos de la nada
la espuma del silencio
el temblor de la nada
la vida que es sólo silencio
y muerte
callada hondura
como dijo mi padre
chupándome el pene.