licor brillantino
Se durmió entre las flores, entregó al suelo retazos de su cuerpo, que cada tanto cambiaba de lugar. La humedad de las lluvias le emborrachaba los pulmones y las raíces. Se lamía el tiempo en el cuerpo. Loma felina se desperezaba y ronroneaba hasta la hipnosis. Recibía abrazos que la exprimían como naranja dulce. Cuando escuchaba el murmullo de los brotes, pujando desde el útero de la tierra, o el deslizar de los hilos enhebrando nuevas anatomías, ese era el día. El día del baile. Del baile y la cosecha. Y ella era, su semilla.