la oscuridad devora la débil luz
La oscuridad devora la débil luz,
el gran silencio envuelve el pequeño e inmóvil sonido;
y el amor, en el fugaz tiempo que nos está permitido,
yace ahogado, fuera de la vista, profundamente enterrado:
Pero el gran faro convierte en día la noche,
y resuena, como un eco que rebota de pecho en pecho,
entre las montañas de alegre granito,
asombrando a los valles que se contraen con regocijo.
Levanta la cabeza, pobre nadador entre las olas,
cálidas olas que te mecen en su salvaje abrazo:
las profundidades, todavía frías, ahora están debajo.
Allí, el oscuro lodo escasea entre las tumbas,
donde el sol no visitará el rostro pálido,
ni el viento agitará un árbol sobre la frente muerta.