País Poema

Autores

joaquina garcía balmaseda

la esperanza





Misterio incomprensible, que sostienes




La fortaleza, la virtud del alma,




Que la recibes cuando viene al mundo,




Siempre la amparas:




Faro consolador del afligido,




Iris que calma siempre la borrasca,




Apoyo del espíritu cristiano….




¡Salve, esperanza!




Eres del niño peregrina estrella,




Que guías hacia el bien su débil planta,




Haciéndole entrever gloria y ventura




En el mañana:




Eres del hombre espíritu intranquilo




Que le despiertas y hacia ti lo arrastras,




Le encadenas, le ofreces, le ilusionas,




Audaz le engañas;




Y vuelves luego a interesarle, y vuelves




Siempre a jugar con sus mortales ansias,




Sin que él reniegue de tu dulce imperio




Dicha del alma!




Eres de la mujer más que la vida;




Eres la fe que la sostiene y salva!




Niña, doncella, madre, en ti constante




Sus ojos clava:




Y si reza, es que tú le dices «ora,




Que Dios oye clemente tu plegaria:»




Si sentir deja al corazón, comprende




Que tú le dices «ama.»




Y si un ángel lo da sobre la tierra




La bendición de Dios, estas palabras




Son las primeras que a decir le enseña:




«¡Fe y esperanza!»




¿Cómo no bendecirte el labio mío,




Si fuiste por el mismo Dios formada,




Y eres de nuestra madre cariñosa




La primera palabra?




¿Qué fuera del amor sin tu alimento?




¿Sin ti, cómo hacia el bien bogara el alma?




La virtud, el amor, ¡cómo vivieran




Sino esperaran!




No se padece pena más aguda,




Ni se inventó palabra más amarga




Que ésta que mata, que aniquila el ánimo:




«¡Sin esperanza!»




¡Es recibir la muerte y no morirse!




Es quedarse con vida y no gozarla!




Es no tener sonrisas, ni oraciones,




Ni fe, ni lágrimas




Dichoso aquel que sus pesares llora




Y llorando su vista a Dios levanta,




Tendrá el consuelo que al que en Dios espera,




Dios siempre manda.




Virtud que al alma vacilante enseñas




Que hay siempre un mas allá de paz y calma,




Que sobre las miserias de este mundo




Dios nos aguarda;




Bendito tu fulgor que el alma eleva!




Tu poderosa, inextinguible llama,




Del nacer al morir siempre la vemos,




Nunca se apaga;




Y ni en ese momento en que la muerte




Nos acaricia con sus negras alas,




Supremo instante en que se pierde todo,




Todo se acaba,




Y ni el beso del padre nos conmueve,




Ni el acento del hijo que nos llama,




Ni nos arranca el mundo que dejamos




Una mirada;




Cesa la mente de esperar, que entonces




Se eleva, y más creyente, más cristiana,




Espera que en un mundo más perfecto




Vivirá el alma!