PAIS POEMA

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joaquín eguren

entretiempo

Primer tiempo intenso,
fiel a mi estilo Bielsista
decidí jugar con 3 delanteros
en un terreno donde el más arriesgado de los entrenadores
hubiera jugado con línea de 5,
apostando al pelotazo largo y la astucia de un buen delantero centro.
Me pasé día y noche recolectando símbolos y palabras
que me permitieran llegar al área chica,
muchas veces las piernas de mis delanteros se fatigaron
ante los certeros golpes del equipo rival.
Al cierre del primer tiempo
la estrategia parecía estar dando resultado,
llegué al área chica donde tuvimos dos remates en el palo.
El equipo rival parecía querer que anotáramos,
de alguna manera veían el partido más allá que un simple encuentro,
veían en este compromiso la oportunidad de empezar de cero.
Entre el ir y venir de remates, creo haber visto al gerente del equipo
sobre la tribuna marquesina,
el hombre muy enojado con un puro en la boca
notó que su equipo se aprestaba a entregar el partido.
Fue en eso cuando el árbitro pitó el final del primer tiempo.
Para nosotros las piernas estaban agotadas,
se sentía el sabor a sangre en cada una de las gargantas de nuestros jugadores,
a muchos de ellos los vi llorar de impaciencia en los secretos baños de cada estadio,
se miraban entre sí cómo pidiendo una explicación,
como si este partido no fuese solo un encuentro por tres puntos,
sino que la vida misma se iba en cada oportunidad perdida,
en cada silencio, en cada mirada que cruzaban con los jugadores rivales.
El entretiempo ha sido duro y ya se expande por más de tres días,
de alguna manera sentimos que cuando el árbitro pitó el final
algo cambió.
Nos cruzamos con el rival en los camarines y su mirada había cambiado.
Secretamente amamos al rival,
llegamos a conocerlo tanto
que nos mimetizamos en él,
conocemos sus movimientos, sus miedos, sus contragolpes,
pero aquellos que cruzaban el túnel con nosotros eran otros.
No eran los que conocimos en la cancha.
En sus ojos se veía el temor al futuro
que el gerente del equipo había puesto sobre ellos,
rostros reprimidos por las indicaciones de un matón del primer orden,
rostros que gritaban libertad, amor y vida en cada uno de sus gestos,
pero que fueron silenciados por los miedos de la sociedad moderna.
Ahora que el partido sigue en 0-0
nos sentimos débiles,
nos pesan las piernas y el corazón no para de latir,
confundimos nombres y erramos jugadas de memoria,
no sabemos qué camarín tomar ni a quién debemos escuchar,
la estrategia siempre fue suicida,
pero nunca nos dimos cuenta que nos dejaría tan expuestos,
es que es ese el problema con los imposibles,
el hecho de querer cambiarlo todo
nos ciega y deja el corazón del equipo abierto a cualquier golpe,
porque sabemos que no importa lo que debamos afrontar,
siempre debemos seguir, adelante, siempre adelante
luchando por tomar la delantera
abriendo la cancha para abrir el corazón.
El partido ha sido hermoso
y la experiencia de estar vivo se ha multiplicado en la cancha.
Los jugadores se reúnen alrededor mío, levantan la vista
y con sus ojos expresan su pregunta
¿Qué estrategia utilizaremos durante el segundo tiempo?